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ESHU MODUMBELA
Escrito por Obara Juani   


 

AMBIVALENCIA AL SERVICIO DE LA RIQUEZA Y LA FERTILIDAD

 

Una de las fuerzas más antiguas y poderosas que accionan en nuestro sistema religioso es la multiforme presencia que conocemos como Eshu. El es el principio y el final de todas las cosas. Representa la infinita oscuridad del Universo. Su origen no es claro, pero estaba ahí antes de que Olódúmare, Dios, se diera a la tarea de la creación. No es capaz de crear, pero cohabita directamente con todo aquello  que existe, tanto en el plano de las divinidades como en el mundo de los humanos.


Es el controlador del ashé, y hace posible que éste llegue a quien lo necesita, luego de haber recibido el ebbó correspondiente. Cada Oddu posee su propio Eshu pues, como ya se dijo, dispone del ashé y hace posible la profecía de Ifá, recibida a través de la consulta con el babalawo.


Es considerado el “funcionario especial” de las relaciones entre el Cielo y la Tierra. Recibe el reconocimiento general, es hábil, inteligente,  poderoso, fuerte y no acepta que se le ignore. Le gustan las ofrendas abundantes y frecuentes. Obstaculiza para ofrecer a las personas la oportunidad de saber quién es y “juega” con todos los aspectos de la realidad mostrando siempre los opuestos. Cuando hay un mal, éste siempre encierra un bien oculto; cuando se ignora o hay vanagloria o falsedad en un logro, puede convertir esa alegría en desgracia o enredo. Siempre actúa como aleccionador. Ahí es donde juega su papel de “abukenke”, equilibrio dinámico en la existencia del Universo. Se mueve siempre desde las polaridades: bien-mal, alegría-tristeza, pobreza-riqueza.

Su misma existencia exhibe ambivalencia. Eshu no fue  creado por Dios. De ahí surge la idea de asociarlo con el “diablo”, aunque este último, según El Antiguo Testamento, fue un ángel que se reveló en contra de Dios y fue condenado a vagar por el mundo. A Eshu nadie lo condenado a vagar por ninguna parte, pero está en todos lados. Tiene el don de la multiplicidad y la omnipresencia. Solo obedece a Orula su compañero inseparable, pero acompaña a los Oddus en su llegada a Ayé y, según lo dispuesto en el contenido de cada uno de esos signos, actúa como benefactor u opositor de esas energías. Hay tantos Eshus como aspectos existenciales. Por tanto, posee personalidades afines o antagónicas entre sí, las cuales cohabitan consigo mismas y con todo aquello creado por Olódúmare.


Eshu también es el estímulo de la potencia sexual y la erección, por lo que es común ver representaciones de origen yoruba cuyo sobrero tiene forma de pene. También se le representa con estatuas que exhiben un pene erecto y un enorme sobrero de forma fálica. Se reconocen más de 101 caminos de Eshu en América, mientras que en Africa se considera que su número, tenido además como afortunado, es 201. No obstante, entendiendo que Eshu es la multiplicidad y la ambivalencia en sí mismo, estos caminos podrían ser muchos más. Si Eshu está en constante interacción con el Universo, entonces puede existir un Eshu para todo lo creado.

 

REPRESENTACION DE UNA DUALIDAD: El Patakí principal del Odu Ofun Funda, propio de Eshu Modumbela, relata lo siguiente:


“Barakayí y Eyigey eran dos amigos que siempre andaban juntos, en la risa y en el llanto, o sea en las fiestas y en los momentos duros que el hombre tiene en la vida. Barakayí era un hombre práctico, de recto proceder, que no se inmiscuía en los asuntos ajenos, la envidia y el orgullo. Eyigey, era todo lo contrario, un hombre malhumorado, pendenciero, egoísta, inconforme y agresivo.

Un día hablaban estos amigos de la mala suerte que venían atravesando y, parece cosa del destino, que los dos hombres no tenían más que diez centavos, cada uno, en sus respectivos bolsillos. Barakari le dijo a su amigo Eyigey: Voy a verme con Orunmila, para hacerme osodde, para ver si cambia mi suerte. Este le contestó: Ve tú a gastar tu dinero en esas cosas. El mío lo voy a gastar en algo para comer, Barakayi llegó a casa de Orunmila, el cual le hizo osodde y le vio Ofun Oggunda. Le dijo: Tienes que hacer ebbó. Después que lo hagas, te tienes que ir sin rumbo fijo. A donde tú llegues hallarás tu felicidad.

Orunmila le hizo ebbó y, sabiendo lo pobre que éste era, le devolvió el dinero que había cobrado diciéndote: Toma esto para que tengas algo para el viaje. Barakayi salió y Orunmila lo bendijo: Oma ire omo ki Olódúmaré, Ageo Ki bokuo osa ageo.


El anduvo todo el día y parte de la noche. Llegó a un lugar muy pintoresco que tenía agua por ambos lados. De un lado estaba el río y del otro lado el mar. Como Barakayí estaba cansado y sediento, cosió su sombrero para coger agua para beber y, al agacharse, se le cayó la pieza de dinero que Orunmila le había devuelto. Cuando terminó de tomarse el agua, le dio las gracias a Olofin y a los Orishas por haber podido llegar a aquel lugar tan divino para beber un poco de agua y descansar.


En aquel lugar se durmió encima de los arrecifes y soñó que le tomaban de los pies y lo tiraban al mar. Vivió infinidad de molestias que continuamente perturbaban su sueño. Al romper el alba se despertó y estaba contento de haber podido descansar. Fue cuando vio a una anciana desgreñada, harapienta y fea que, al detenerse junto a él, le preguntó: Hijo ¿dormiste bien? Ël le contestó: Perfectamente bien. Ella le dijo: ¿No te molestó nadie en este lugar tan solitario? Êl le respondió que no. Entonces la viejita le dijo: Bueno hijo, yo te voy a ayudar. ¿Tú ves aquella mata de güira que está junto al camino? Coge tres güira de la derecha. La mayor la tiras cuando te marches de aquí, la segunda cuando estés entrando en el pueblo que encuentres y la tercera, la más pequeña, en el lugar donde vayas a pasar la noche. Así lo hizo. Al tirar la última güira, ésta contenía una fortuna, la cual el recogió con gran asombro y admiración. No tardó mucho tiempo en hacerse uno de los hombres más admirados en aquel lugar. Pasado algún tiempo, Barakayi fue de paseo a su antiguo pueblo a saludar a Orunla y a su amigo Eyigey.

Después de saludar a Orunmila, y hacerle valiosos regalos, buscó a su amigo y, al encontrárselo, lo abrazó, le hizo regalos y comieron juntos. Eyigey le contó a su amigo su situación, pues él seguía sumido en su misma miseria. Barakayi le contó su odisea y le dijo que su prosperidad se debía a la obra que le había hecho Orunmila, ofreciéndole dinero a su amigo.

Éste lo rechazó por envidia y orgullo. Queriendo imitar a su amigo, le pidió 10 centavos prestados y se fue a casa de Orunmila le dijo: Con ese dinero no se puede hacer ebbó. Tienes que pagarme 420.000 pesos. Eyigey le contestó: Si yo tuviera ese dinero no me hubiera tomado el trabajo de llegar hasta aquí. Acto seguido, salió de allí sin despedirse y tomó el camino que le había indicado su amigo. Llegó al lugar indicado, junto al mar y el río, vio a una anciana y las matas de güiras, por lo que comprendió que su amigo no lo había engañado. Se agachó a beber agua y la moneda se le cayó. Se puso a maldecir.

Después se acostó a dormir diciendo: Vamos a ver que pasa cuando llegue la vieja hechicera. Se durmió y los fenómenos que allí había no lo dejaron dormir. Por la mañana, al romper el alba, vio llegar a la anciana. Ésta al llegarlo saludó y él le respondió entre dientes. La anciana notó su descortesía, pero no le dijo nada. Luego, le preguntó: Hijo mío ¿qué te trae por aquí? Él respondió: ¿Y a usted que le importa? La anciana le dijo: Yo quiero ayudarte. Él le dijo: Pues ayúdame y no me des tanta conversación. Ella le respondió ¿Tú ves aquella mata de güiras? Cuando te vayas de aquí, coge tres de la derecha, la mayor la tiras cuando te vayas, sin mirar para atrás, la mediana la tiras en el pueblo que te has de encontrar y la más pequeña la tiras en el lugar donde vayas a pasar la noche. Cuando Eyigey se iba, fue a coger las güiras y vio que las de la izquierda eran más grandes.


Se dijo a sí mismo: Ésta cree que yo soy bobo. Entonces tomó de esas, por ser mayores, y después hizo todo lo contrario. Allí botó la más chiquita, a la entrada del pueblo botó la mediana y, al llegar a donde iba  a pasar la noche, tiró la más grande saliendo serpientes que se le tiraron al cuello y lo estrangularon”.

Como se aprecia, en el Oddu se destaca el antagonismo entre la conformidad y la modestia, en contraposición con la envidia y el orgullo, siendo premiadas las virtudes por encima de los defectos. No obstante, Ofun Funda también habla de la virilidad, la potencia sexual y de cómo Orunmila hizo ebbó a todos los interesados en alcanzar prosperidad y evolución material. Modumbela, u Odumbela, es el Eshu encargado de recoger esos veos y dar aprobación, abriendo camino para que se obtenga un buen resultado.

Él, en sí mismo, representa la realidad de esa contraposición, pero suscrita a la unicidad de cada Ser Humano, es decir, el bien y el mal que subsisten dentro de cada individualidad. En este Oddu, Eshu, se constituye en una entidad aleccionadora y también propiciadora de bienes de fortuna y prosperidad en general. Se representa como una pequeña estatua bifronte cuyas caras son de alegría por un lado y de ira por el otro.

Normalmente se carga por la cabeza y lleva un otá en medio de las piernas, aunque esto puede diferir de acuerdo a la tradición de cada Ilé Ifá.

La mayoría de las casas coinciden en que debe llevar falda de mariwó y sombrerito de cogollo, pero hay algunos pocos que recomiendan vestirlo con camisa roja y negra y pantaloncitos, como si fuera un agborán sencillo de Elegguá. Recibe las ofrendas por ambos lados y siempre deben hacerse juntas. Trabaja con Eshu Ashikuelú, en cuanto a la distribución de riquezas materiales, pero también con Olokun, deidad que debe ser recibida en este Oddu, los Ibeyis y todo aquello que represente dualidad.

Se considera también un buen ayudante en problemas de sexualidad masculina, tales como infertilidad, eyaculación precoz o impotencia. En general, cuando Eshu tiene  dos caras, siempre se le va a asociar con su naturaleza ambivalente y generadora de conflictos o soluciones.

La presencia de Modubela en la casa del Awó obliga a estar encima del ebbó. Sólo el veo correcto, y en el momento adecuado, produce el resultado favorable, estimulando su ayuda en cuanto a la consecución de bienes materiales y, sobre todo, el equilibrio entre las fuerzas antagónicas del bien y el mal, predominando el bien entre ellos. El ashe para su ceremonia está en manos exclusivas del sacerdote de IFA y se le entrega siempre al varón. En lo personal, nunca escuché que alguna mujer lo tuviera. La explicación se halla en su función de propiciador de la buena salud sexual en el hombre.

Es importante destacar que la bibliografías asociada a Modúmlela es casi inexistente. Los conocimientos que se exponen tienen que ver con la tradición oral y con el estudio de su Oddun Isa layé, ofun. Funda. Esperamos que estas reflexiones arrojen alguna luz sobre su personalidad y atribuciones. Si es así, este artículo habrá cumplido a cabalidad con su principal objetivo: dar a conocer temas esenciales de nuestra religión a su ávida y consecuente feligresía. Iboru Iboya Iboshishe